La Magdalena y los primeros pasos del tribunal
Uno de los puntos clave de la ruta es la Parroquia de la Magdalena, antiguo Convento de San Pablo el Real. Allí se sitúan los inicios del tribunal en Sevilla y, por extensión, en Castilla. Durante la etapa inicial de la Inquisición en la ciudad, el dominico Alonso de Ojeda alertó sobre supuestas prácticas judaizantes entre conversos andaluces, una circunstancia que contribuyó a la creación del Santo Oficio.
En este espacio se perciben aún vestigios relacionados con aquella etapa. Los escudos inquisitoriales con la cruz, la espada como símbolo de justicia y el olivo como símbolo de misericordia recuerdan que la Inquisición no fue solo una maquinaria represiva, sino también un sistema de símbolos, liturgia y poder.
Triana y el Castillo de San Jorge
Con el crecimiento de los procesos y la falta de espacio, la sede inquisitorial se trasladó al Castillo de San Jorge, en Triana. Allí hubo tribunal, archivos, dependencias administrativas y celdas para los reos. Hoy, bajo el Mercado de Triana, se conservan restos arqueológicos y un centro de interpretación que permiten entender el peso de este lugar en la memoria sevillana.
La visita a este enclave es uno de los momentos más intensos del recorrido. No solo por lo que representa en términos históricos, sino porque transforma un antiguo espacio de represión en un lugar de memoria y reflexión. Tras su recuperación en 1991, el espacio pasó a ofrecer una lectura más amplia sobre lo que supuso la Inquisición en la ciudad.
Plaza de San Francisco, autos de fe y memoria pública
La ruta también se detiene en la Plaza de San Francisco y el Arquillo del Ayuntamiento, uno de los grandes escenarios públicos de la Inquisición en Sevilla. Allí se celebraban autos de fe, ceremonias solemnes en las que se leían públicamente las sentencias dictadas por el tribunal. Eran actos pensados para ser vistos, con una fuerte carga religiosa, política y ejemplarizante.
En ese entorno se recuerda también la llamada Cruz de la Inquisición. El lugar ayuda a imaginar la ciudad como un gran teatro del poder, donde justicia, ceremonia y control social iban de la mano.
Una ruta para leer la ciudad de otra manera
El itinerario pasa por el Arquillo del Ayuntamiento, la Magdalena, el Puente de Triana, el Castillo de San Jorge y el Callejón de la Inquisición. Cada parada aporta una pieza distinta para reconstruir cómo la Inquisición dejó huellas visibles en plazas, iglesias, conventos, cárceles y espacios de memoria.
Con una duración orientativa de entre dos y dos horas y media, la visita funciona bien para centros educativos, asociaciones, familias, grupos culturales y viajeros interesados en la historia de la Sevilla de la Edad Moderna. También se adapta como actividad privada, con un tono y una profundidad ajustados al perfil del grupo.
A estas alturas, la Inquisición ya no se mira solo como una sucesión de nombres y fechas. En Sevilla sigue siendo, sobre todo, una forma de leer la ciudad desde sus capas más incómodas, allí donde la historia todavía se adivina en el trazado de las calles y en la memoria de sus lugares.