El regreso del Lope de Vega y la fuerza del estreno
Reabierto tras obras de restauración, el Teatro Lope de Vega vuelve a ser una de las sedes clave de la Bienal. Allí se estrena Fractal Arcano de Dorantes el 12 de septiembre, y también pasan propuestas como Tunisia, de Rafael Riqueni y Tim Ries, Babel. Torre Viva de David Coria, o la nueva creación de Alfonso Losa.
Ese mismo escenario suma noches únicas muy distintas entre sí: Arcángel con La copla del cante, Antonio Reyes con Seis cuerdas, seis, el mano a mano de Aurora Vargas y Juana Amaya en Hazme con los ojos señas, el encuentro coral de Fue tu querer y el recital de Mayte Martin con Arqueología de lo puro. Aquí la Bienal muestra una de sus facetas más reconocibles, la que une repertorio, riesgo y una lectura contemporánea del flamenco.
Creación contemporánea en los escenarios de siempre
El Teatro Central vuelve a ser el espacio donde la Bienal mira hacia lenguajes más experimentales. Allí se anuncian estrenos absolutos como Menos es más de Rosario La Tremendita, Te atrevo de Juan Tomás de la Molía y Águeda Saavedra, Desierto de Andrés Marín, La Compañía de Sara Jiménez y Cia. y Poema de libertad de Sandra Carrasco y David del Arahal. También se programa el estreno nacional de Lejano, de Jose Maya.
Junto a esos trabajos, el Central acoge propuestas que amplían el diálogo entre cante, baile y composición, como Epílogo de un cante que se hizo baile. Suite de cante de Isabel Bayón, Perspectiva sobre un baile sonoro de Olga Pericet y Doncellas, juerga permanente de Estévez y Paños y Cia.. Es uno de los tramos del festival donde más se nota el cruce entre tradición y búsqueda escénica.
Guitarra, cante y baile en formato cercano
El Espacio Turina concentra buena parte de las propuestas de guitarra y recital, con los estrenos absolutos de Requeneando de Juan Requena y Las tres Marías de María Marín. También por allí pasan Antonio Rey con Historias de un flamenco, Canito y Raúl Rodríguez con La cuerda al aire, José Fermín Fernández con Guitarra desnuda, Manuel de la Luz junto a Manuel Imán en Manos que hablan, Diego del Morao con Más Morao, Dani de Morón con Cuadro y Juan Medina con Fugaz.
En el Teatro Alameda la atención se desplaza hacia el baile y el cante con estrenos absolutos como La misma sangre del cuerpo de Ángeles Toledano, Sobre todas las cosas de Macarena López, Tribusssh! de Pastora Galván y Los flamencos no van a la barbería de Capullo de Jerez y José de los Camarones. A eso se suman Patio de Joselito Acedo, Por Vallejo con Manuel Cuevas y Miguel de Triana, Herencia de Los Parrilla, Diego Carrasco y Carrete de Málaga, además de Sonanta 3.0 de José del Tomate, la Gala del Círculo Andaluz de Jóvenes Flamencos y Nadie me ve de Ezequiel Benítez.
Monumentos, patios y matinés para otro tipo de escucha
En el Real Alcázar, el Patio de la Montería acoge el recital De oro y marfil de Israel Fernández, el estreno absoluto de Pizarra de Rancapino Chico y Xerezanías, con Luis El Zambo, Dolores Agujetas, Antonio de la Malena, Manuel Valencia y Las Tatas de Jerez. Son citas que aprovechan la cercanía con el patrimonio para dar otro peso a la escucha, más recogida y más atenta al detalle.
La Real Fábrica de Artillería suma el estreno absoluto de Rapsodia. Fantasía subterránea de Ana Morales y la trilogía Trilogía. Al toque, Trilogía. Al baile y Trilogía. Al cante de Pablo Martín Caminero, con la colaboración de María Moreno y David Carpio. Y en la Iglesia de San Luis de los Franceses se concentran las seis matinés únicas, con Pan de oro de Pedro el Granaíno, Devenir de la guitarra de Alejandro Hurtado y Camino de Flores de Encarna Anillo, siempre con invitados procedentes del ámbito de la música antigua.
Un festival para todos los públicos
La Bienal también reserva espacio para el público familiar con Ven a vivir el ritmo flamenco en familia con Tirititrán, un estreno absoluto que se representa los 11, 12 y 13 de septiembre en CaixaForum Sevilla, en funciones de mañana y tarde. Es una puerta de entrada pensada para quienes quieren acercarse al flamenco desde la infancia, con un lenguaje adaptado y una mirada clara hacia los nuevos públicos.
Más allá de la capital, el interés para la provincia está en que la Bienal vuelve a ordenar el otoño cultural alrededor de una programación que cruza estilos, generaciones y formatos. Sevilla capital concentra los escenarios, pero el tirón del certamen se siente en toda la provincia porque reaviva el hábito de salir a ver flamenco, de elegir una fecha concreta y de convertir una noche de septiembre o de octubre en plan cultural.
Con su mezcla de grandes nombres, estrenos y espacios muy distintos entre sí, la Bienal mantiene intacta su capacidad para fijar la atención durante casi un mes. Y cuando un festival consigue que en una misma edición convivan la memoria, la vanguardia y el repertorio más clásico, el interés no está solo en el cartel: está en la conversación que deja abierta para todo el otoño.