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La mujer rota llega a Sevilla con Anabel Alonso en un registro inesperado

Un monólogo de Simone de Beauvoir que cambia el pulso de la actriz.

La mujer rota llega a Sevilla con Anabel Alonso en un registro inesperado
Anabel Alonso en La mujer rota. Foto: promocional

Anabel Alonso se aleja aquí del terreno en el que más veces la ha visto el público para ponerse al frente de un drama de gran carga emocional. En La mujer rota, la actriz se mete en la piel de una mujer que se enfrenta a la pérdida, la soledad y la sensación de haber construido su vida sobre unos cimientos que ya no existen.

La cita de Sevilla propone, además, una mirada muy distinta sobre una intérprete asociada durante décadas al humor. Aquí no hay ligereza ni concesiones: hay un texto exigente, una protagonista desbordada por lo que ha vivido y una puesta en escena que busca ir más allá del gesto reconocible. ¿Qué ocurre cuando una actriz con una trayectoria tan amplia se enfrenta a un papel que le obliga a desnudarse por completo?

El resultado es una obra que se apoya en la fuerza literaria de Simone de Beauvoir y en la capacidad de Alonso para sostener un personaje lleno de grietas. El interés no está solo en ver a una actriz muy popular en un registro distinto, sino en entrar en una historia que habla de identidad, maternidad, desamor y vacío con una franqueza poco complaciente.

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Un texto que mira de frente a la identidad femenina

La mujer rota parte de uno de los grandes temas de Simone de Beauvoir, la identidad de una mujer cuando desaparecen los papeles en los que ha sido encajada durante años. La protagonista atraviesa una crisis profunda y se descubre vacía, sin el soporte emocional y vital que había construido en torno a ser madre y esposa.

Esa es la raíz del monólogo y también su mayor tensión dramática. La obra no se limita a retratar un derrumbe personal, sino que abre preguntas sobre el lugar de la mujer en la sociedad, sobre la dependencia afectiva y sobre la fragilidad de una vida levantada sobre expectativas ajenas. En escena, todo eso se traduce en una voz que necesita hablar, soltar, discutir consigo misma y con el mundo.

El texto tiene una intensidad que no busca suavizar el conflicto. La protagonista arrastra insomnio, resentimiento y pérdidas irreparables, y precisamente ahí reside la potencia de la pieza: en mostrar una intimidad herida que no pide permiso para incomodar.

Anabel Alonso, lejos del molde más conocido

Durante más de 40 años de carrera, Anabel Alonso ha transitado sobre todo territorios cómicos, y precisamente por eso este trabajo llama tanto la atención. En La mujer rota, la actriz se enfrenta a un personaje dramático de gran complejidad, lejos de la rapidez y la vis cómica con las que tantos espectadores la identifican.

Ese cambio de registro no es un simple giro de imagen. Supone abrir otro rango interpretativo, trabajar zonas más vulnerables y sostener un material que exige verdad, contención y una respiración muy distinta a la de la comedia. La propia obra se convierte así en una prueba de fondo para la actriz, una oportunidad de explorar emociones menos cómodas y de mostrar una herramienta escénica más amplia.

Lo interesante para el público está justamente ahí: en ver cómo una intérprete muy asociada a la cercanía y al humor encara un personaje que le pide todo lo contrario. La sorpresa no es gratuita, porque el papel está construido para que el peso recaiga en la palabra, en el matiz y en la capacidad de sostener el conflicto sin refugiarse en la ligereza.

Sevilla, dos fechas para ver un monólogo en estado puro

La función en el Auditorio Cartuja está fijada para el 11 y el 12 de septiembre de 2026 a las 21:00 horas. Son dos citas dentro de esta parada sevillana, pensadas para quienes quieran acercarse a una obra que funciona mejor cuanto más atento está el espectador a cada giro del discurso de la protagonista.

En un monólogo como este, la atención se concentra en la palabra y en la presencia escénica. La historia avanza desde una voz que va desgranando su malestar, sus pérdidas y su necesidad de explicar por qué ha llegado hasta ahí. No hay distracciones superfluas ni subtramas que alivien el foco: todo depende de la interpretación y de la tensión que sea capaz de mantener.

Por eso esta cita tiene interés más allá del nombre propio que la encabeza. La mujer rota ofrece una manera directa de acercarse a un texto literario de enorme densidad, llevado a las tablas con un pulso que combina conflicto íntimo y reflexión sobre la experiencia femenina.

Lo que deja una función así

A veces, el atractivo de una obra no está en lo que promete, sino en lo que se atreve a quitar. La mujer rota renuncia al consuelo fácil y se queda con lo esencial: una mujer que habla desde el desgarro y una actriz que se expone en un terreno menos habitual para ella.

Ese cruce entre el texto de Beauvoir y la trayectoria de Alonso da lugar a una propuesta que se sostiene por su densidad y por su franqueza. Quien entre esperando una versión amable de una gran figura popular encontrará otra cosa: una pieza que mira de frente al vacío y que encuentra ahí su fuerza.

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