En el Palacio de Las Dueñas sigue abierta Cayetana. Grande de España, una exposición que pone el foco en una de las figuras más reconocibles de la historia reciente de la Casa de Alba. Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, vuelve a ocupar el centro de la escena cultural sevillana a través de una propuesta que reúne memoria familiar, patrimonio, moda, pintura, fotografía y documentos inéditos. La muestra puede visitarse hasta el 31 de agosto de 2026 y ofrece una lectura amplia de su biografía, lejos del retrato plano o puramente ceremonial.
La cita llega además con una carga simbólica muy clara. Las Dueñas fue una de las residencias más queridas por la duquesa y, en esta ocasión, se convierte también en el lugar donde su trayectoria se explica desde dentro, con más de 200 piezas que ayudan a reconstruir su personalidad pública y privada. No se trata solo de recordar a un personaje célebre, sino de entender por qué su nombre sigue asociado a la cultura, al mecenazgo y a la conservación de un legado histórico que marcó varias generaciones.
Una duquesa convertida en relato cultural
Hablar de Cayetana Fitz-James Stuart es hablar de una mujer que dejó una huella poco común en la vida social y cultural española. Nacida hace cien años, la XVIII duquesa de Alba fue mucho más que una aristócrata con enorme proyección pública. Su figura combinó tradición, modernidad, carácter y una presencia mediática que la convirtió en referente para públicos muy distintos. La exposición se apoya precisamente en esa complejidad para construir un retrato que avanza por capas, sin limitarse a una sola faceta.
Uno de los grandes aciertos de la muestra está en que no reduce a Cayetana a un icono social. Al contrario, la coloca como mecenas, coleccionista, pintora, embajadora cultural, defensora del patrimonio y figura de estilo. Esa amplitud permite entender mejor el peso que tuvo en la proyección de la Casa de Alba y en la preservación de bienes artísticos e históricos vinculados a la familia. Su vida aparece así ligada a una tarea de conservación que no fue decorativa, sino decisiva para mantener vivo un importante legado patrimonial.
También hay espacio para una dimensión menos conocida, pero muy reveladora: su compromiso social, su defensa de los animales y su faceta más personal. ¿Qué dice de una época una mujer que fue a la vez aristócrata, icono popular y protagonista de debates sobre cultura, tradición y libertad? La exposición responde con materiales concretos, no con consignas, y deja que sean las imágenes, las cartas y los objetos quienes articulen esa respuesta.
Más de 200 piezas para dibujar una biografía compleja
El recorrido expositivo reúne más de 200 piezas entre obras de arte, fotografías, vestidos de alta costura, documentos, objetos personales y correspondencia. La selección ha sido fruto de tres años de investigación y de trabajo por parte de las comisarias, Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz, junto al equipo de la Fundación Casa de Alba. Esa labor previa se nota en la variedad del material y en la manera en que cada sección dialoga con la siguiente.
Aparecen trabajos de artistas como Zuloaga y Benlliure, nombres que ayudan a situar a Cayetana en una tradición de retrato y representación ligada a grandes maestros. Junto a esas obras, la exposición incorpora fotografías de autores como Cecil Beaton, Richard Avedon o Juan Geynes, además de documentación que nunca antes se había mostrado al público. El resultado es un mosaico muy rico, en el que la duquesa se presenta como sujeto de su tiempo y también como figura que supo construir una imagen propia.
Esa mezcla de piezas tiene otra virtud: evita la monotonía y permite al visitante pasar del retrato oficial al gesto íntimo, del objeto de uso personal al testimonio artístico, de la memoria familiar al contexto histórico. En una exposición de estas características, la variedad no es solo un recurso estético. También es una forma de contar la vida de alguien que desempeñó varios papeles a la vez y que dejó huella en todos ellos.