La figura nunca desaparece del todo, solo cambia de piel. Eso es lo que propone Des Figures: Del Realismo a la Abstracción, una exposición colectiva que reúne en Sevilla a 18 artistas contemporáneos en torno a un mismo territorio creativo: el tránsito entre lo reconocible y lo abstracto, entre la forma que se identifica al instante y la que se disuelve en la materia.
Lejos de plantear una ruptura tajante entre dos lenguajes, la muestra se apoya en su convivencia. Pintura, textura, gesto y atmósfera se cruzan para mostrar que el realismo puede empujar hasta su límite y que la abstracción también puede conservar memoria de la figura. ¿Qué queda de un rostro cuando la materia empieza a dominar la imagen? Ahí está una de las claves de esta exposición.
Un diálogo entre dos lenguajes
La propuesta gira en torno a una idea muy concreta: la representación no se agota en copiar lo visible ni la abstracción consiste en borrarlo todo. En las obras reunidas conviven miradas distintas sobre el cuerpo, el rostro y la presencia humana, pero también sobre su transformación, su pérdida y su reconstrucción en el plano pictórico.
Ese cruce permite leer la exposición como un ejercicio de tensión controlada. Hay obras que se aferran a lo figurativo y otras que se inclinan hacia la disolución de la forma, aunque todas comparten una misma pregunta de fondo: hasta dónde puede llegar la figura sin dejar de ser figura.
Dieciocho artistas, dieciocho maneras de mirar
El peso de la muestra está en la diversidad de lenguajes. Participan Yela Álvarez, Patricia Caldevilla, María Cologan Osborne, Alfonso de Torres, Almudena Fernández Morente, Amparo Fernández, Constanza Guajardo, Ana Laso, Pilar López Duque, Virginia Mena, Mamen Morejón, José I. Ortiz Leonisio, Carmen Pareja, Elisa Sainz de Vicuña, Menchu Uroz, Carmen Valverde, Laura Vargas by Kanica y Lukas Walcher.
No se trata de una suma decorativa de nombres, sino de una conversación entre sensibilidades muy distintas. Algunas obras se apoyan en una figuración más reconocible, otras apuestan por atmósferas delicadas, por la textura o por la materia como protagonista. En conjunto, el recorrido deja ver cómo cada artista resuelve ese equilibrio entre presencia y disolución desde su propio lenguaje.
Una imagen que resume la idea
El cartel oficial ya adelanta el tono de la exposición. La obra elegida, de Patricia Caldevilla, combina rostro, textura y materia de un modo que sintetiza bien el planteamiento general: una figuración reconocible, pero atravesada por una sensibilidad que la lleva hacia otro lugar.
Esa elección no funciona solo como presentación visual. También sirve como pista sobre lo que espera al visitante: una exposición en la que el realismo no se entiende como punto final, sino como un impulso que puede abrirse, deformarse y seguir diciendo cosas nuevas cuando entra en contacto con la abstracción.
Arte contemporáneo con vocación de diálogo
La muestra encaja con la línea de trabajo de Loving Art Andalucía, una asociación cultural independiente dedicada a la promoción del arte contemporáneo y al impulso de artistas que buscan visibilidad y proyección. Su actividad se mueve entre la creación, la reflexión y la colaboración con otros agentes culturales, siempre con la idea de acercar el arte al público desde formatos que favorecen el encuentro directo con las obras.
También se nota en esta exposición una voluntad de tender puentes entre creación y mecenazgo cultural. La colaboración institucional que acompaña el proyecto ayuda a sostener una programación que pone el foco en el empleo artístico y en el acceso a la cultura, dos ideas que aquí no aparecen como eslogan, sino como parte del propio sentido de la iniciativa.
### Un cierre para mirar con calma
Hay exposiciones que piden tiempo, no prisa. Des Figures: Del Realismo a la Abstracción pertenece a esa categoría: la de las propuestas que se disfrutan mejor cuando se deja que cada obra marque su propio ritmo y cuando la mirada acepta que una imagen puede ser, al mismo tiempo, figura y materia.
En Sevilla, la colección de trabajos reunidos ofrece una lectura precisa sobre una cuestión clásica del arte contemporáneo, pero sin convertirla en teoría. Lo que queda es la presencia de los artistas, la fricción entre lenguajes y una pregunta que sigue abierta mucho después de salir de la sala.